Vivimos de manera cíclica. Los ciclos son secuencias que conllevan
un inicio, un desarrollo y un final. En la naturaleza todo es cíclico, las
estaciones, la flora, los animales, y las relaciones (amorosas, amistosas,
sexuales, de trabajo). Realizar los cambios necesarios, nos permite
destruir los círculos viciosos, para crear círculos virtuosos.
Para cerrar un ciclo resulta positivo reconocer lo vivido, y cuál
es la influencia de eso hoy en nuestra vida. Rescata siempre lo que te puede servir,
ser comprensivo con las fallas incurridas, en fin: mirar el pasado con dignidad
y amor.
Quien recorre las profundidades del alma para crecer, debe
hurgarse y enfrentarse a la historia que lleva consigo. Muchas veces somos
incapaces de desligarnos de relaciones y situaciones ya caducas. Apegarse a una
relación vencida es como (por más duro que suene) pretender operar a un
muerto.
Otras veces se sabe que hay que cerrar un ciclo pero huimos de
hacerlo, tenemos temor a encarar los fantasmas. Preferimos evadir, por ello,
por ejemplo, dejamos proyectos por la mitad. Una alternativa para eludir los
cierres es adquirir nuevos compromisos antes de culminar los previos, de esta
manera, algunos se involucran con una nueva pareja antes de terminar con la
anterior.
Un buen cierre está ligado al agradecimiento. Un mal cierre está
vinculado al resentimiento o a la negación.
Todo lo que no se cierra adecuadamente se vuelve fantasmagórico y
recurrente (tiende a repetirse de variadas formas), lo que hace que continuemos
girando sobre lo mismo y nos llenemos de cólera por sentirnos estancados,
imposibilitados de rearmar nuestra vida.
Agradece lo vivido, porque ahora cuentas con esa lección en tu
haber. Siempre podemos decidir quedarnos como los sufrientes o como quienes
reconocemos nuestra gran capacidad de aprender. Resulta conveniente para
nuestra mente, corazón, alma y cuerpo, rescatar los buenos momentos, porque
todo lo que hemos vivido forma parte de nuestra historia. Lo que somos ya
lo llevamos por dentro (nadie nos lo puede sustraer).
Siempre es preciso saber cuándo se acaba una
etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo
necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o
cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es
poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.
¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?,
¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó?
Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en
devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El
desgaste ha de ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos,
tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir
dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y
seguir adelante.
No podemos estar en el presente añorando el
pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que
soltarlo, hay que desprenderse.
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir
recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar
documentos, y vender o regalar libros.
Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida
nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay
que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos
en el presente…
El pasado ya pasó. No esperes que te lo
devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den
cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor
personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte
lentamente, envenenarte y amargarte.
La vida está para adelante, nunca para atrás.
¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a
qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios
que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir,
cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo
ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón,
en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio. Tú ya no eres el
mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no
hay nada a qué volver. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que
regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.
Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate. Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate. Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra
el círculo.
Ante ti nuevamente tienes un
libro abierto de 365 oportunidades para escribir lo que desees...tomate unos
momentos hoy para agradecer lo vivido y para planificar aquello que
desees. El nuevo año ya está llamando a tu puerta y viene cargado de
bendiciones para ti...abre tus brazos y dale entrada a tu vida.
Comienza tu nuevo año ligero de equipaje, con
tus asuntos pendientes resueltos. Tomate un tiempo para cerrar tus asuntos de
este año, orden en la oficina (pagos pendientes, cobros), organizar papeles,
responder mail, enviar saludos, contestar mensajes. Cerrar el año 2013 en
orden, es comenzar año 2014 en orden. Ahora es el mejor momento para cerrar
ciclos pendientes. Cuando comenzamos un nuevo año sin cerrar los ciclos; los
asuntos de ese nuevo año no tienen un buen comienzo, ya que está pendiente la
energía del año anterior. Comienza con tu prosperidad AHORA!
Hoy da GRACIAS a la
Vida, a todo lo vivido, a lo que estoy viviendo y a lo que voy a vivir.
“En este momento de máxima LUZ, y
viviendo una Nueva ERA, le doy infinitas Gracias a DIOS por todos los regalos
recibidos, en este 2013; siendo los más importantes, LA PAZ, el AMOR, la
AMISTAD y el CONOCIMIENTO”.
Hay muchas técnicas que nos ayudan a acceder a mejores cierres,
ésta es una de ellas.
Si quedaste marcado por una ruptura, un buen ejercicio es escribir
tus pensamientos y sentimientos. Drena tus emociones, tus necesidades no
resueltas, déjate fluir. Al hacer tu escrito, recuerda que no todo en la
vida tiene explicación. Concluye agradeciendo esa relación, sea como sea que
haya sido.
Guarda esa carta y léela luego de un tiempo, hasta que sientas que
ya has superado mejor esa ruptura. Cuando lo veas posible quémala, que el fuego
transmute lo que aún deba transmutarse.
Recuerda: el amor es la base de cualquier relación que nos impulsa
a evolucionar. Mejorar nuestra relación con todo lo que somos hoy, nos
constituye.
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